
Miserable resaca,
furiosa
sangre vertiginosa,
ahora un ácido
detenido
en esta infinita red de caminos
desfigurados.
Pensamientos maleducados
no tocáis la puerta,
dolores viejos irrumpís
sin ningún tipo de censura.
Aquellas maldiciones
contra padre rebotan
y mi frente no las detiene.
Plaga de mariposas negras
invadiendo mi rostro,
castigados ojos míos
recibiendo lacitos negros
de velorio,
desbordando todo
en esta triste y ventosa comarca,
esquina rabiosa del mapa
donde ningún dedo
indica nunca.
Venganza de ellas
por cazarlas a colores
en la remota infancia:
niño y colador perenne
(heraldo de la muerte,
ahora lo sé),
colinas verdes de Náralit,
rubito gladiador
incursionando sus paraísos.
Eso tienes, todo es karma;
hasta los insultos a Viriato,
el alcohólico,
atacan al cuerpo:
“Viriato alcohol,
Viriato alcohol,
Viriato alcohol”,
ser extraño y solo,
renegrido cuero
de lenguas barbas blancas;
y de unos insondables
bolsillos incomprensibles
desenfundaba su diabólica resortera
sin nunca atinarme una,
mas ahora,
ya muerto hace mucho
y casi olvidado,
pone el tiro en mi alma,
su blanco predilecto
desde el más allá.
Viriato acumula guijarros
hasta parecer una parte
de aquí dentro pedregal baldío;
así escoro, vean,
voy escorando,
aplaudirán algunos
cuando esta barca
arrastre su mástil
y desaparezca.
A cada suerte de suicidio
hace su debut
“Viriato alcohol”
hoy desafiante
sobre esta pila de piedrecillas
con su cuello rodeado de culebras
emboscadas en las riberas
del viejo lago Arenal,
fabricando complejas
marionetas de madera
para pagar su alcohol.
Es ser poderoso,
el único dios en el que puedo creer,
su turno viene
(todo es karma)
largo, escarnecedor,
y despotrica
por boca de pequeños:
“Paquito jumas",
"Viriato alcohol",
“Paquito jumas”,
“Viriato alcohol",
Viriato y Paquito
fundidos en un solo ser,
mi cuello atiborrado
de ofidios,
sangre socorriendo
a duras penas
al vapuleado cerebro,
ya casi terminan conmigo
los remordimientos,
imploro su nombre,
solo tú podrás salvarme,
tus inmensos ojos
asirme del abismo.
***
©Frank Ruffino, Náralit, 20 de mayo de 2010.
Foto ilustrando esta entrada: Frank Ruffino en 2002.